
Si no entiendo lo que pasa es debido, seguramente, a que mi intelecto no llega a comprender lo que tengo alrededor, o a lo mejor que no quiero entenderlo. Y por eso no me quiero involucrar, a veces prefiero observar y luego callar. La última opción es la de mi hombro, que me molesta y me duele, lo cual es un fastidio. Sin duda (y con ella) me quedo con la 1ª opción. Es la que me da más juego filosófico y mental. Los límites nos los imponemos nosotros mismos, amén de los límites físicos no obviables, ¡claro!